LITERATURA CRIANZA

LITERATURA CRIANZA

MI NIÑO NO ME COME de Carlos González

A falta de una, dos niñas que no me comen. Y por supuesto… elegí uno de los libros más aclamados entre las madres para solucionar mi problema, y no, no lo solucioné.

La verdad que este libro no me ha servido de mucho, por no decir de nada. Es cierto que te muestra muchas cosas que a veces no caemos en ellas, como las cantidades de comida que queremos que nuestros peques coman (a veces una barbaridad) o que tienen sus ritmos de comidas y de crecimiento (como los adultos); pero si esperáis la pócima mágica que acabe con vuestro problema, olvidaros, no os la da.

Además, a veces utiliza un tono que a mi no me gusta nada. Parece como si estuviera hablando a madres tontas y desquiciadas ¡cómo no podemos llegar a entender sus ideas nosotras solitas!. Perdone señor González, pero si compramos su libro, es porque llegamos a estar un poco sobrepasadas con la situación y buscamos ayuda desesperadamente.

Después de leerme todo el libro, de que repitiese hasta la saciedad lo mismo, que los niños se autorregulan, que los niños comen lo que necesitan, que no hay que obligarles a comer, que cuando necesiten la comidan la pedirán, que su cuerpo dice lo que necesita y que no nos preocupemos si quieren comer chocolate todo el día, que llegará un momento que pedirán la fruta porque su cuerpo la necesita, y así un montón de cosas, he de decir que, según los niños del libro, mis niñas son extraterrestres.

En una parte del libro propone un experimento, dejar de obligar al niño a comer y solo darle de comer lo que el pida durante una semana, asegura que el niño comerá lo que el necesita y no adelgazará. He de decirle, señor González, que lo he hecho, mi hija no adelgazó un kilo como indica en el libro, adelgazó un kilo y medio; y no, no está enferma, es una niña sana y alegre.

A mi no me ha solucionado nada con respecto a la comida. Mis hijas no comen, como su madre. Tengo que luchar todos los días con ellas e ir buscando trucos para poder hacerles atractivas las horas de las comidas (el comedor de la escuela infantil ha sido un gran aliado). Lo que más me ha ayudado con ellas, a nivel psicológico, es que las entiendo mejor que nadie. El no haber comido absolutamente nada hasta la adolescencia (mi madre me dice que yo comía menos que ellas de pequeña) me hace conocer sus angustias frente a la comida, por lo que mi mayor aliada en esta batalla soy yo misma y mi experiencia anterior.

No quería terminar si hacer una pequeña advertencia sobre el libro y la parte de la lactancia. Si eres de esas “madres desnaturalizadas” que por el motivo que sea no has dado la teta, para variar, aquí solo encontrarás lactancia materna y lo maravilloso que es y lo malo y que son las leches artificiales, casi como si le estuvieras dando veneno a tu peque. En fin, todas aquellas que hayáis tenido que optar por la lactancia artificial sabéis a lo que me refiero con la persecución que tenemos por no dar la teta.

Me temo que no puedo recomendar el libro porque a mi no me ha servido , pero si aún así quieres leerlo, te animo, puede que a ti te sea útil y te de el truco que necesitas.