LOS TEMIBLES CELOS

LOS TEMIBLES CELOS

Yo creo que a todas, antes o justo después de nacer el segundo bebé, aparecen las abuelas o las vecinas con los celos a vueltas. En mi caso, he de confesar que me apareció la vecina y mucho antes de lo que esperaba, ¡casi no sabíamos ni nosotros de que estábamos embarazados!. Ya empezaba, uy!! pobre hermanita mayor, se va a poner celosa…, vas a tener que hacer más caso a la mayor para que no sienta celos…, no le hables de la nueva hermanita para que no se ponga celosa…, y así un  montón de frases típicas que todas estamos cansadas de escuchar.

He de reconocer que no les hice ni caso y, aunque la fiera mayor apenas tenía 14 meses cuando encargamos a la cigüeña a la fiera pequeña, desde el principio supo que venía otro bebé (que entendiera o no lo que significaba, no lo teníamos muy claro).

He de reconocer que yo pensé que no tenía celos la una de la otra, yo estaba super orgullosa de mis niñas que se las veían muy maduras y supieron afrontarlo, ahora pienso… ingenua de mi. He visto que los celos no se manifiestan como pensábamos. Yo siempre creí que serían pataletas, agresividad hacia la hermana incluso hacia los padres y no querer tener a la hermana en el mismo sitio, incluso regresión en hitos alcanzados, pero ¡puede ser cualquier cosa!.

Mi fiera mayor, desde el día que nació la pequeña hace 8 meses, la quiere con locura, unos abrazos…, unos besos…, parece una lapa, no se despega de ella, les encanta estar juntas. Imaginaos mi felicidad cuando veo tanto amor entre ellas, eso si, desde que nació, la fiera mayor dejó de comer, (antes tampoco es que comiera mucho, siempre fue mala comedora), empezamos a quitar el pañal y tuvimos que abandonar la misión porque no quería ver el orinal ni en pintura y, aunque nunca fue de mucho chupete, ahora no podías quitárselo ni de coña. Nunca le dimos mucha importancia a la situación y menos pensé que esa manifestación eran los temibles ¡CELOS!.

Ahora ya sé que los celos son inevitables, son un sentimiento natural del ser humano, en cierto modo, ayudan a nuestra supervivencia en la manada. Los celos han existido, existen y existirán siempre, pero no solo en niños, en adultos también. Al fin y al cabo, es la necesidad de afecto por esa persona así como el miedo a perderla y ser sustituido.

Tras mi descubrimiento de celos en la familia, ya me puse a remover Roma con Santiago para buscar información de como poder afrontarlos, ¡imaginaros cuanto encontré! y lo peor de tanta abrumadora información fue que encontré de todo, ¿de qué me podía fiar?, ¿qué información no servia para nada?. Al final pude solucionar mi problema de excesiva información gracias a la escuela infantil de la fiera mayor. Tienen el Programa de Acompañamiento al desarrollo del niño durante el Primer Ciclo de Educación Infantil para Padres y madres “Centímetro a Centímetro”, y vi la luz el día que decidieron abordar el tema de los celos.

Aprendí lo que realmente son los celos, y como los padecemos todos y por qué son tan necesarios, y como si animamos al niño que exprese su mal estar, nos haga llegar sus emociones y sentimientos respecto al nuevo cambio, y como él ve que entendemos su situación y que la hemos vivido con nuestros hermanos cuando hemos sido pequeños, ayuda a que el niño asimile mejor la situación y vuelvan las aguas a su cauce rápidamente. Me di cuenta de la importancia de las actitudes de los padres respecto a los niños.

Otro comportamiento de las fieras que me empieza a preocupar un poco, ya que ahora empiezo a percibirlo en ellas son las peleas. De momento tenemos pocas, y muy lógicas por otra parte, no dejan de ser una niña de 2 años y 8 meses y otra de 8 meses, pero a medida que crezca, imagino que crecerán. Parece ser que son inevitables. La clave es dejarlas solucionarlo a ellas y darles las herramientas para que cada vez lo hagan más “civilizadamente” (siempre y cuando no conlleve un riesgo para su salud física). A ver como afrontaremos eso, porque todos sabemos que la teoría es muy bonita, pero a la hora de ponerla en práctica la cosa cambia.

Al final, intentaré pasar la etapa de los celos como medianamente pueda, espero que con más pena que gloria, aún así, no está de más poder pedir alguna ayuda externa a toda la literatura existente. De momento me he animado con ¡Claro, y yo qué! de Mª Victoria Tabera Galván. Así que,.. ¡Buena suerte!.

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